
Día internacional de las personas cuidadoras
7 de noviembre de 2025El envejecimiento comporta una serie de cambios emocionales, físicos y sociales que pueden alterar el equilibrio vital de las personas. Los cambios en el estado de salud o las modificaciones en el entorno habitual, la pérdida de seres queridos o la jubilación, son situaciones que pueden generar incertidumbre y desorientación llegando incluso a estar perdido. En este contexto, las rutinas diarias se convierten en un elemento clave para mantener la estabilidad y la calidad de vida de las personas mayores.
¿Por qué es importante establecer rutinas?
Establecer unas rutinas saludables incide directamente en el bienestar físico. Los horarios regulares de comidas favorecen una alimentación equilibrada, mientras que una adecuada planificación del descanso mejora la calidad del sueño. Incorporar actividad física moderada habitual ayuda a mantener la movilidad, prevenir el sedentarismo y reducir el riesgo de caídas. La regularidad también facilita la adherencia a tratamientos médicos y controles de salud, aspectos fundamentales en esta etapa de vida.
Las rutinas tienen también un impacto directo en el ámbito cognitivo. Repetir actividades significativas ayuda a mantener la memoria y la orientación temporal. En personas con deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, la presencia de estructuras claras y estables puede reducir la confusión y favorecer una mayor autonomía en las actividades básicas del día a día. La constancia en determinadas actividades (leer, ejercicios mentales, escribir…) contribuye a estimular las capacidades preservadas y ralentizar el deterioro funcional.
Las rutinas proporcionan estructura y previsibilidad
Saber qué va a pasar a lo largo del día ayuda a reducir la ansiedad y aporta una sensación de control. Esta estabilidad emocional que nos proporciona es especialmente relevante en etapas en las que los cambios pueden ser frecuentes o difíciles de aceptar. Mantener unos horarios regulares a la hora de comer, descansar o realizar actividades contribuye a reforzar la sensación de normalidad y continuidad. Además, poder cumplir con pequeñas tareas cotidianas refuerza el sentimiento de utilidad y la autoestima, factores esenciales para preservar el bienestar psicológico.
Las rutinas no sólo estructuran el tiempo, sino que también crean espacios de relación entre las personas. Participar en actividades comunitarias, como encuentros familiares o grupos de interés, fomenta el contacto social y reduce el riesgo de aislamiento. El sentimiento de pertenencia a un grupo refuerza su identidad personal y contribuye a una mejor salud emocional.
Rutinas flexibles y adaptadas
A pesar de su importancia, las rutinas deben ser flexibles y adaptadas a sus necesidades individuales. No se trata de imponer horarios rígidos, sino de construir una estructura que respete los ritmos y preferencias de cada persona.
Las rutinas constituyen mucho más que una simple organización del tiempo. Son una herramienta esencial para preservar la autonomía, la dignidad y la calidad de vida de las personas mayores. Al proporcionar estabilidad, estimular las capacidades y fomentar la participación social, se convierten en un pilar fundamental para un envejecimiento saludable y activo.




